sábado, 23 de abril de 2011

23 de abril del 2011

Nos pasamos la vida disparando. Disparando balas, disparando palabras, fotografías, insultos, borracheras, sonrisas, besos, orgasmos, y hasta puños. En serio que nos pasamos la vida disparando; escupiendo.
Atacando. Defendiendo. 
El problema es el de siempre: solo cuando la bala está en el aire nos damos cuenta del error.
Cuando ya has gritado cabreado, cuando una misera cosa varia delante de tu objetivo, cuando llevado por el orgullo herido has escupido hasta el ultimo insulto aprendido,  cuando te has dejado llevar por manos desconocidas: te ardían los labios ¿verdad?, en ese momento todo ESTALLA. 
No sabemos que estamos haciendo, porque lo estamos diciendo, que coño ha pasado y cómo hemos llegado a eso. Te has enredado en tantas cosas, que cómo trenzarlas de nuevo...Es una pausa en el tiempo, dan ganas de echar a correr, de salir de puntillas, de cerrar la boca, de dejarlo todo a medias, de vomitar hasta que no quede ni un resto de aquel podrido momento, de romperlo todo. Te tiembla la mente. Te revienta el cuerpo. Es cuando recapacitamos y a todos nos entran ganas de que nos trague la tierra a bocados. 
De que nos devoren rápido, para sufrir menos.

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