Aire cargado de algodón de azúcar y licor de piruletas alcoholizadas.
Empalagoso. Penetraba en mi cerebro. Ardía.
Aguante la respiración. Por una milésima de segundo alguien muy parecida a mi se movía en el espejo.
Era olor a herida abierta por besos olvidados. Olor a sufrir por la carcoma de los nervios.
Olor a a ahogo y desahogo.
Intenso.
Intenso.
Intenso.
DEMASIADO intenso.
Asfixiante peste a vida que se pegaba a la piel.
Abrí la puerta de aquel café irlandés:
Brillábamos más que nunca.
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arañazos de mi gato